El EMDR se ha hecho bastante conocido en terapia de adultos, y desde hace unos años se oye cada vez más aplicado a la infancia. Lo que suele pasar es que las familias llegan con el nombre y sin la idea: han leído algo de los movimientos oculares, no acaban de entender qué tiene eso que ver con lo que le ocurre a su hija, y no saben si les encaja.
Esto es lo que es, lo que no es, y en qué casos tiene sentido con niñas, niños y adolescentes.
Qué es el EMDR, dicho sin tecnicismos
EMDR son las siglas en inglés de desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares. Es un abordaje de terapia para experiencias difíciles que parte de una idea sencilla: hay recuerdos que el cerebro no ha terminado de digerir y se quedan guardados en crudo, con la imagen, la emoción y las sensaciones del cuerpo tal cual estaban aquel día.
Por eso una persona puede saber perfectamente que aquello ya pasó y aun así reaccionar como si estuviera pasando. No es falta de voluntad ni de comprensión: la información está archivada de una manera que no permite ponerle distancia.
El trabajo consiste en traer ese recuerdo de forma controlada mientras se añade una estimulación que alterna entre los dos lados del cuerpo: seguir los dedos con la mirada, unos golpecitos suaves en las rodillas, sonidos que van de un oído al otro. Con eso, el recuerdo se vuelve a procesar. No se borra, pero deja de doler como si fuera presente.
Está reconocido por la Organización Mundial de la Salud dentro de las intervenciones recomendadas para el estrés postraumático en niños, adolescentes y personas adultas. Si quieres profundizar, la Asociación EMDR España reúne a profesionales con esta formación y publica material divulgativo.
Qué cambia cuando quien está delante tiene ocho años
Bastante. El esquema es el mismo, pero la puerta de entrada es otra.
Con una persona adulta se trabaja sobre todo con la palabra. Con la infancia se trabaja con el juego, con el dibujo, con los cuentos, con muñecos. La estimulación de los dos lados casi nunca es seguir los dedos con la mirada: son toquecitos, abrazos de mariposa que aprenden a darse a sí mismos, juegos con las manos. Y las sesiones son más cortas, porque la atención sostenida de un peque no da para cincuenta minutos de foco.
Hay otra diferencia importante: con menores, la familia entra en el trabajo. No como público, sino como parte. Se prepara a las figuras de referencia para lo que puede aparecer en casa esos días, y muchas veces se trabaja también lo que la historia del hijo remueve en el padre o en la madre.
En qué situaciones suele ayudar
La palabra trauma despista, porque hace pensar en catástrofes. En infancia y adolescencia los motivos más frecuentes son mucho más cotidianos:
- Un accidente, una caída, un atragantamiento, un susto que dejó marca.
- Ingresos hospitalarios, pruebas médicas, intervenciones. Es de los motivos más habituales y de los menos sospechados.
- Acoso escolar, o una situación de humillación delante de otros.
- La muerte de alguien cercano, incluida la de una mascota.
- Una separación vivida con mucho conflicto alrededor.
- Miedos que aparecieron de golpe y no se van: a dormir solo, a los perros, a vomitar, a que os pase algo.
- Un parto complicado o una separación temprana del bebé, que se trabaja con la madre o el padre aunque la criatura no lo recuerde con palabras.
También se usa cuando no hay un episodio concreto sino un goteo: años de sentirse el raro de la clase, una crianza en un ambiente tenso, un vínculo inseguro. Ahí el trabajo es más largo y no va de un recuerdo, sino de muchos pequeños.
Cuatro cosas que el EMDR no es
No es hipnosis. El niño está despierto, consciente y puede parar cuando quiera. De hecho, se le enseña a parar desde la primera sesión.
No borra recuerdos. Se sigue recordando lo que pasó. Lo que cambia es la carga: se puede pensar en ello sin que el cuerpo se dispare.
No obliga a revivirlo todo con detalle. Con menores se trabaja mucho con distancia: a través del dibujo, del muñeco al que le pasó, del cuento. No hace falta narrar la escena entera para procesarla.
No es una técnica suelta que se aplica en la segunda sesión. Antes hay una fase de preparación que puede llevar varias semanas: entender la historia, enseñar recursos para calmarse, comprobar que hay suficiente estabilidad. Saltarse esa parte es lo que hace que el EMDR salga mal.
Cómo es una sesión
Después de la preparación, una sesión tipo se parece a esto: se elige un recuerdo, se busca la imagen que lo representa, se identifica qué se siente en el cuerpo y qué se cree uno mismo cuando piensa en ello. A partir de ahí empiezan las series de estimulación, con pausas para ver qué ha aparecido. Van saliendo imágenes, otras escenas, sensaciones. El trabajo termina dejando a la criatura tranquila antes de salir por la puerta, siempre.
No todas las sesiones son así. Muchas son de preparación, de recursos o de trabajo con la familia. La proporción depende de cada caso.
Preguntas frecuentes sobre el EMDR en niños
¿A partir de qué edad se puede usar el EMDR?
El EMDR se adapta a casi cualquier edad. Con los más pequeños se trabaja a través del juego, el dibujo, los cuentos y el movimiento, y la familia suele tener un papel muy activo. Con adolescentes, la sesión se parece más a la de una persona adulta.
¿Cuántas sesiones de EMDR necesita un niño?
Depende de lo que haya pasado y de cómo esté el niño o la niña. Un susto puntual, como un accidente o una intervención médica, puede necesitar pocas sesiones de EMDR. Cuando hay experiencias difíciles acumuladas, el proceso es más largo y el EMDR se combina con otras formas de trabajo.
¿Los padres estáis en la sesión?
Con peques, muchas veces sí, sobre todo al principio: vuestra presencia les da seguridad. Con adolescentes solemos trabajar a solas con ellos y tener espacios aparte con la familia. En cualquier caso, os explicamos siempre qué hacemos y por qué.
¿El EMDR está respaldado por la investigación?
Sí. El EMDR es una de las terapias recomendadas para el estrés postraumático en niños, adolescentes y adultos. Si quieres información general y fiable sobre el trauma y sus efectos, tienes la guía de MedlinePlus sobre el estrés postraumático. Y si todavía dudas de si tu hijo o tu hija necesita ayuda, te puede servir leer cuándo llevar a mi hijo al psicólogo.
Quién lo hace en Entropía
Marina Salgado lleva la consulta de infancia y adolescencia en Benicalap y tiene formación en EMDR infantil. En el equipo, Irene Mullor también está formada en EMDR con población infantojuvenil.
Y una aclaración que conviene hacer: el EMDR no es lo único que usamos ni lo usamos siempre. Según lo que haya, el trabajo puede ir por el enfoque somático, por las terapias contextuales, por el trabajo de partes o por una combinación. Lo que decide no es la herramienta, es lo que le pasa a quien tenemos delante. Puedes ver cómo trabajamos con niñas, niños y adolescentes en general.
Si lo que te ronda no es tanto el cómo sino el cuándo, quizá te sirva más el artículo sobre las señales que indican que conviene consultar.
Cómo empezamos
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Escrito por Paula Murciano, psicóloga general sanitaria (CV15275) y directora de Entropía Psicología y Nutrición.



