Madre y su hija adolescente conversando sentadas en la cama: señales de un trastorno alimentario

TCA en adolescentes: las señales que los padres no ven

Cuando una familia llega a consulta por un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) en una hija o un hijo adolescente, hay una frase que se repite casi siempre: llevábamos meses viéndolo y pensábamos que era otra cosa.

No es descuido. Es que el TCA en adolescentes empieza por donde nadie sospecha, y durante un tiempo se parece bastante a hacer las cosas bien.

Por qué cuesta tanto verlo a tiempo

Por tres motivos que se refuerzan entre sí.

Empieza disfrazado de salud. Cuidarse más, interesarse por lo que come, apuntarse al gimnasio, dejar los ultraprocesados. Al principio suele recibir aprobación de todo el mundo, incluida la familia. Ese aplauso inicial es parte del problema.

Va despacio. Los cambios se instalan de semana en semana, y a quien convive con alguien todos los días le cuesta mucho más notar una deriva lenta que a la tía que lo ve cada tres meses. Si alguien de fuera os ha comentado algo, merece la pena tomárselo en serio.

Se oculta activamente. No por mentir, sino porque la vergüenza forma parte del cuadro. Un adolescente puede estar pasándolo muy mal y sostener a la vez una fachada de normalidad durante meses.

Las señales que sí se pueden ver

Alrededor de la mesa

Aparecen reglas nuevas que antes no estaban: alimentos que se retiran uno detrás de otro, horarios rígidos, negarse a comer nada que no haya preparado ella misma. Empieza a evitar comer con la familia, o con amigos: cumpleaños a los que ya no va, cenas en las que dice que ya ha comido. Y las comidas se vuelven tensas, con discusiones que antes no existían.

También cuenta lo contrario: episodios en los que desaparece comida de la cocina, o que come mucho y a escondidas. Los trastornos alimentarios no son solo dejar de comer.

Alrededor del cuerpo

Mirarse mucho al espejo o, al revés, no querer verse ni en foto. Hablar de partes del cuerpo con desprecio. Empezar a taparse con ropa ancha aunque haga calor. Pesarse de forma repetida. Un interés nuevo y muy intenso por cuentas de redes sociales sobre dietas, cuerpos o entrenamiento.

Alrededor del ánimo y de la vida social

Irritabilidad que sube mucho en las horas de las comidas. Dificultad para concentrarse en el estudio. Retirarse de los planes. Un perfeccionismo que se dispara y se extiende a todo. Y, a veces, lo contrario de lo que uno esperaría: una exigencia enorme consigo misma y un rendimiento escolar impecable, que despista todavía más.

En el cuerpo, físicamente

Cansancio, tener frío cuando nadie lo tiene, mareos, caída de pelo, piel seca, problemas digestivos, alteraciones del ciclo menstrual. Ir al baño de forma sistemática justo después de comer. El ejercicio que deja de ser un gusto y pasa a ser una obligación que no se puede saltar ningún día.

Ninguna de estas señales por separado significa nada. Lo que orienta es el conjunto y, sobre todo, que se sostengan en el tiempo.

Si estás viendo varias de estas cosas

Pide cita con vuestro pediatra o médico de familia y con psicología, sin esperar a estar segura. Estos cuadros tienen mucho mejor pronóstico cuanto antes se abordan, y la espera nunca juega a favor. No hace falta tener un diagnóstico para consultar: consultar es precisamente lo que permite saber si lo hay.

Qué ayuda y qué no cuando hablas con ella

No comentes su cuerpo. Ni para bien ni para mal. Ni el suyo, ni el tuyo, ni el de nadie delante de ella. Un elogio sobre su aspecto puede ser gasolina.

No conviertas la mesa en un campo de batalla. Vigilar cada bocado, negociar cantidades y castigar por no comer suele reforzar la lucha y desplazar el problema real, que no es la comida.

Habla de lo que ves, no de lo que deduces. Funciona mejor decir que la notas más apagada y que hace tiempo que no va a los planes que soltar que crees que tiene anorexia.

Ofrece compañía, no soluciones. Y sostén la conversación aunque la primera respuesta sea que no le pasa nada. Casi nunca se abre a la primera.

Por qué un TCA no se arregla solo con psicología ni solo con nutrición

Un trastorno de la conducta alimentaria vive en dos sitios a la vez. Hay una parte emocional (la relación con el propio cuerpo, con el control, con lo que se siente y no se sabe sostener de otra forma) y hay una parte de conducta con la comida que necesita acompañamiento técnico para reorganizarse sin miedo.

Tratar solo una de las dos deja la otra suelta. Por eso trabajamos psicología y nutrición a la vez, con el mismo caso y hablando entre nosotras.

Con adolescentes, la parte psicológica la lleva Marina Salgado en Benicalap, y la parte de nutrición Nuria Esteves, que trabaja trastornos alimentarios con población adolescente y no pesa a sus pacientes. Puedes ver cómo abordamos los trastornos de la conducta alimentaria con más detalle.

Y si lo que tienes no es una sospecha concreta sino la duda de fondo sobre si toca consultar, quizá te sirva el artículo sobre cuándo llevar a tu hijo o tu hija al psicólogo.

Preguntas frecuentes sobre el TCA en adolescentes

¿Un TCA en adolescentes puede aparecer aunque coma «normal» delante de nosotros?

Sí. Muchas adolescentes con un TCA comen con normalidad en la mesa familiar y restringen, compensan o se dan atracones cuando nadie las ve. Por eso conviene mirar el conjunto: el ánimo, la vida social, la relación con su cuerpo y los cambios físicos, no solo el plato.

¿Y si le pregunto y lo niega?

Es lo más habitual. El TCA suele vivirse con mucha vergüenza, y a veces la propia chica no ve lo que le está pasando. No hace falta que lo reconozca para pedir una primera valoración. Podéis venir primero madre y padre, contarnos lo que estáis viendo y decidir juntos cómo acercaros.

¿Cuándo hay que ir a urgencias?

Si notáis mareos o desmayos, palpitaciones, mucho frío constante, debilidad intensa o cualquier síntoma físico que os preocupe, acudid a su médico o a urgencias sin esperar. En un TCA, la parte médica va primero; la terapia la acompaña.

¿Quién trata un TCA en adolescentes?

Lo ideal es un equipo: psicología, nutrición y seguimiento médico, coordinados entre sí y con la familia. Te lo contamos en nuestra página de terapia para los TCA y en la de psicología infantil y adolescente. Si quieres información general y fiable, tienes la guía de MedlinePlus sobre los trastornos de la alimentación. Y si tus dudas van más allá de la comida, quizá te ayude leer cuándo llevar a mi hijo al psicólogo.

Cómo empezamos

Me escribes y te leo yo, que dirijo el centro. Te pregunto un par de cosas para entender qué está pasando y te propongo con quién del equipo encaja mejor. Sesiones de 60 minutos, presenciales en Valencia u online. 70 € la sesión de psicología y 65 € la de nutrición. Sin bonos ni permanencia.

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Leo personalmente todos los mensajes y respondo en menos de 24 horas laborables.

Escrito por Paula Murciano, psicóloga general sanitaria (CV15275) y directora de Entropía Psicología y Nutrición.

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