«¿Cuándo llevar a mi hijo al psicólogo?» es una de las preguntas que más me llegan, y casi siempre viene con la misma coletilla: no sé si estoy exagerando. Alguien se ha pasado semanas dándole vueltas a si su hijo o su hija necesita ayuda, y lo primero que hace al escribir es disculparse por preguntar.
Así que empiezo por ahí: preguntar no es exagerar. Consultar no compromete a nada y, sobre todo, no significa que haya que empezar una terapia. A veces la respuesta es que lo que pasa entra dentro de lo esperable para su edad y lo que hace falta son un par de pautas para casa. Saberlo también es una respuesta útil.
La pregunta no es si está mal, es cuánto lleva así
Los niños, las niñas y los adolescentes tienen rachas. Un cambio de colegio, la llegada de un hermano, una separación, un verano raro: todo eso mueve cosas, y mover cosas es normal. Lo que orienta no es que haya aparecido algo, sino cuánto dura, cuánto le limita y en cuántos sitios le pasa.
Una regla sencilla para ordenar la cabeza: si algo lleva más de un mes, está presente en casa y también fuera de casa, y le impide hacer cosas que antes hacía, merece al menos una consulta.
Siete señales que conviene mirar de cerca
1. El cambio se ha quedado
No es el mal día ni la semana rara. Es que hace un mes o dos que no vuelve a ser quien era, y no hay un motivo claro que lo explique.
2. Le está costando en más de un sitio a la vez
En casa y en el colegio. Con vosotros y con sus amistades. Cuando la dificultad aparece en todos los contextos, deja de ser un problema con una persona o una situación concreta.
3. Ha dejado de hacer cosas que le gustaban
Abandona el deporte, deja de quedar, no quiere ir a los sitios a los que iba contento. El abandono progresivo de lo que daba gusto es una de las señales que menos ruido hace y más dice.
4. El cuerpo lo está diciendo
Dolores de tripa o de cabeza que aparecen los domingos por la tarde y desaparecen los viernes. Cambios en el sueño. Dejar de comer o comer distinto. Cuando lo emocional no encuentra palabras, muchas veces sale por el cuerpo, sobre todo cuanto más pequeños son. Si estos síntomas son nuevos o persistentes, lo primero es descartar la parte médica con vuestro pediatra.
5. Ha vuelto atrás en cosas que ya tenía
Volver a hacerse pis por la noche, no querer dormir solo, hablar como cuando era más pequeño, no despegarse de vosotros. Los retrocesos no son manipulación: son una forma de pedir cercanía cuando algo desborda.
6. La casa entera gira alrededor del tema
Organizáis los planes en función de cómo va a reaccionar. Evitáis conversaciones. Discutís entre vosotros por cómo llevarlo. Cuando la vida familiar empieza a diseñarse alrededor de un problema, ese problema ya es lo bastante grande.
7. Te lo está diciendo
A veces lo dicen directamente: me gustaría hablar con alguien. Pasa más de lo que se cree en la adolescencia, y es la señal más fácil de atender y la que más veces se aparca por no saber cómo empezar.
Lo que no conviene esperar a ver si se pasa
Hay tres situaciones en las que no tiene sentido darle más margen al tiempo: si habla de hacerse daño o de no querer seguir viviendo, si aparecen conductas de riesgo, o si ha dejado de comer de forma sostenida. En esos casos se pide ayuda ya, aunque parezca que se está exagerando. Exagerar no tiene coste; esperar sí.
Tres cosas que llevar a tu hijo al psicólogo no significa
No significa que lo hayáis hecho mal. Esta es la creencia que más veces retrasa una consulta. Las familias que piden ayuda suelen ser precisamente las que están atentas.
No significa ponerle una etiqueta. En infancia y adolescencia se trabaja con lo que está pasando y con el contexto que lo sostiene, no con un diagnóstico colgado del cuello.
No significa meterse en un proceso interminable. Hay motivos de consulta que se resuelven en pocas sesiones, y otros que necesitan recorrido. Eso se sabe después de valorar, no antes.
Qué pasa en las primeras sesiones
Con criaturas y adolescentes el proceso no se parece al de una persona adulta. Se empieza casi siempre por vosotros: una primera sesión con las figuras de referencia para entender la historia, lo que preocupa y lo que ya habéis probado. Después viene el encuentro con el niño, la niña o el adolescente, que con los más pequeños pasa mucho más por el juego y el dibujo que por la conversación.
Y hay una parte que a veces sorprende: el trabajo con la familia no es un añadido, es parte del tratamiento. Un peque no cambia en una hora a la semana si lo de alrededor sigue igual.
En Entropía esa consulta la lleva Marina Salgado, psicóloga infantojuvenil, en nuestra sede de Benicalap, con formación en EMDR infantil, enfoque somático y terapias contextuales. En el equipo también atienden a niñas, niños y adolescentes Irene y Alba en Benicalap, y Valeria en Benimaclet.
¿Y si no quiere ir?
Es lo normal, sobre todo a partir de los doce. Dos cosas ayudan más que insistir: contarlo sin misterio (a dónde va, con quién, para qué) y no presentarlo como un castigo ni como una consecuencia de su comportamiento. Que sepa que no se va a hablar de él a sus espaldas y que lo que cuente ahí se queda ahí, salvo que haya riesgo, cambia mucho la disposición.
Si aun así se niega en redondo, se puede empezar trabajando solo con vosotros. Se avanza más de lo que parece.
Dudas frecuentes: ¿cuándo llevar a mi hijo al psicólogo?
¿Hay una edad mínima para ir al psicólogo infantil?
No. Un psicólogo infantil puede acompañaros desde edades muy tempranas, aunque con los más pequeños gran parte del trabajo se hace con la familia. Lo que cambia con la edad es la forma: con peques trabajamos mucho a través del juego y el dibujo; con adolescentes, a través de la conversación.
¿Y si mi hijo no quiere ir?
Es muy habitual, sobre todo en la adolescencia. Ayuda explicarle que no va porque «esté mal», sino para tener un espacio suyo donde hablar con alguien que no es de la familia. A veces la primera sesión la hacemos solo con madre y padre, y desde ahí vemos cómo acercarnos a él o a ella.
¿Qué pasa en la primera consulta de psicología infantil?
Empezamos escuchando a la familia: qué ha cambiado, desde cuándo, qué habéis probado. Después conocemos al niño o a la niña, sin prisas y a su ritmo. Al terminar, os contamos qué vemos y qué os proponemos. Si te sigues preguntando cuándo llevar a mi hijo al psicólogo, esa primera consulta ya sirve para salir de dudas.
¿Quién atiende a niños y adolescentes en Entropía?
Marina es nuestra psicóloga infantil y adolescente. Puedes ver cómo trabajamos en la página de psicología infantil y adolescente en Valencia. Y si quieres información general y fiable sobre la salud mental en la infancia, tienes la guía de MedlinePlus sobre salud mental infantil.
Cómo empezamos
Me escribes y te leo yo, que dirijo el centro. Te hago un par de preguntas para entender qué está pasando y te propongo con quién del equipo encaja mejor. Si lo que cuentas no necesita terapia, te lo digo igual.
Sesiones de 60 minutos, presenciales en Valencia u online. 70 € la sesión de psicología. Sin bonos ni permanencia. Puedes ver cómo trabajamos con niñas, niños y adolescentes antes de escribir, si prefieres hacerte una idea primero.
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Leo personalmente todos los mensajes y respondo en menos de 24 horas laborables.
Escrito por Paula Murciano, psicóloga general sanitaria (CV15275) y directora de Entropía Psicología y Nutrición.



